Prometeo, la autocreación

obra

Prometeo, la autocreación

ficha técnica

alto: 140 cm
ancho: 150 cm
profundidad: 90 cm

2009

malla de acero inoxidable

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Prometeo,la autocreación recibió la Medalla de Plata Lorenzo el Magnífico en la VII Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Florencia en 2009

“PROMETEO” no es un hombre, es un Titán, aunque a su figura se le haya reconocido como valedora de los anhelos de la humanidad; el Titán interviene liberando a los hombres del temor a los dioses; lo inocentes seres que eran, los convierte en seres autoconscientes y libres en su razón, autosuficientes. Prometeo, el amigo de los hombres, les enseña a burlar a los dioses en los sacrificios y reservarse la mejor parte de los animales inmolados para su propio consumo; roba el fuego, luz (la capacidad de saber) de los dioses y lo entrega a éstos. Zeus por ésto lo condena y ordena que sea atado a una roca en el Cáucaso, donde todos los días un águila le devorará el hígado, para regenerársele durante la noche y volver a serle devorado al día siguiente; así eternamente. Prometeo significa, al igual que la Expulsión del Paraíso bíblica, la toma de conciencia de la humanidad, pero en PROMETEO-La Autocreación esta toma de conciencia se plantea no como la revelación de un drama, el encuentro con una realidad inasumible, un castigo, sino como el inexcusable e ineludible compromiso de ser.

En PROMETEO-La Autocreación hago una variación con el icono de la Creación de Adán de la Capilla Sixtina: la trasmisión de la vida a través del dedo índice del creador al ser creado; pero prescindo aquí de la figura creadora, (manifiesto ateísta, emancipado ), y en este caso, el ser creado es a la vez creante (agente) de sí mismo; el hombre se crea a sí mismo, el hombre debe crearse a sí mismo. Este acto se conforma en un gesto circular que concentra toda la energía de la fisicidad (corporeidad e intelectividad) del hombre en la determinación de forjarse a sí mismo permanentemente. La autocreación no se da en un instante aislado, es un modo de ser, un carácter; una suerte de leitmotiv, concepción cíclica, o en última instancia , si se quiere, esférica, que gira de la atómica existencia de cada individuo hacia una participación universal en un ignoto e indolente Absoluto parmenideo. Siendo cada ser una singularidad contingente y transitoria de “eso Absoluto”, es en ese instante de singularidad, por su condición efímera, inaplazable su necesaria consumación. La existencia singular es un accidente cósmico que está de uno mismo construirla y explicársela desde la experiencia de ser vivida en plenitud; y esto nada tiene que ver con la exacerbación de las pulsiones orgánicas, ni con delirios ególatras, ni con alucinaciones de trascendencia; esta plenitud tiene que ver con la plena realización de lo físico y con la progresión ad limitum del conocimiento.