Fragmentos clásicos

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Fragmentos clásicos

fecha: 
De 12/06/2004 hasta 30/07/2004
 
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Fragmentos Clásicos son citas, citas escultóricas. Citas sin erudición, sin valor arqueológico. Casi lo opuesto: citar al clásico desde la intuición; convocarlo al presente. Convocarlo para conjurar a través de su equilibrio y su gracia el “desequilibrio” y la “sin-gracia” del presente; porque todo presente está expuesto a las contingencias y el desorden que el pasado ya superó. No obstante, contingencia y desorden precisos para el cambio y el avance.

Desde el relativismo con el que contemplo al Hombre, este juego con las imágenes clásicas, unas imaginaria, otras reales, respirando-inspirando a través de Fideas, Praxíteles, Lisipo... ellos, los clásicos.. este juego, digo, más quiera ser un inciso, una objeción y reclamar aquellos parámetros que hacían de una obra y su autor, algo del arte. Ahora, cuando el artista se ha ido del artesano, adiós!... y más que nunca antes, es un intelectual, complacido en su habilidad intelectual, y alejado de cualquier habilidad manual de elaboración, ahora, vengo yo con un trabajo más cercano al “puntocruz” , en el que la sublimación de la 2inspiración” pasa por el alicate y el hilo de acero, la manipulación de la malla y el forcejeo con su estructura hasta hacerla tomar la forma que deseo.

Deseo. Es el deseo el que necesita, exige su conformación en la obra. La obra no es el objeto del deseo, es su anhelo. Es el deseo el que produce la obra. La obra de arte no es una epifanía, una revelación; es una producción. Crear es un trabajo, una práctica que transforma algo en función de un deseo. Si bien, el deseo puede ser aquello oscuro, misterioso, telúrico, que se toma por causa primera, genesiaca; pero así interpretado por desconocimiento de la causa por la que uno se ve impelido a desear algo. (En alguna ocasión, si hubiese conocido tal causa, bien la hubiera combatido... pero eso afecta a otro ámbito).

Y qué deseo: deseo la gracia y el equilibrio. Gracia y equilibrio que el mundo clásico, al igual que sus obras fragmentadas, de irreversible mutilación, y necesaria, pues así las conocimos ( completas ya no serían ellas, serían otras), gracia y equilibrio que el mundo clásico nos propone en la distancia; y posiblemente por eso, por la distancia en tiempo y espacio. Gracia y equilibrio que se asienta en la justeza de la medida, en su idea de la necesidad humana juiciosa; qué no es y qué es necesariamente necesario, haciendo con ello a cada individuo más consciente de sus facultades en cuanto a ser inexcusablemente moral; afirmación de la dignidad humana. No son obras dirigidas a Dios, son dirigidas a los hombres disfrazados de dioses conspicuos y a la vez muy humanos. No hace falta hermeneuta que interprete códigos secretos; son lo que son, materia y forma, marcando intencionadamente desafecto por el cripticismo que se supone hace de una obra algo en verdad valioso. No hace falta médium que ponga en contacto al mundo sensible (el espectador) con el más allá ( la intelectualidad del artista).

Y finalmente, gracia y equilibrio que supongo, trasciende dela estética a la ética, pero... como dice alguien de mi entorno de paz: es un suponer.